Hablar de un elevador sin foso puede dar la impresión de que la instalación no necesita ninguna obra. No es así. El término se refiere a una característica concreta del elevador, el cual requiere de un espacio para permitir que quede a nivel cero debiendo para ello tener en cuenta ciertos mecanismos como parte del chasis del elevador o el propio suelo del mismo.
Además, es necesario estudiar la base, la entrada, la salida y el resto de la instalación. La clave está en como soluciona el equipo la no construcción de un foso.
Eso puede simplificar la intervención en algunos casos, pero no elimina la necesidad de estudiar la base, la entrada, la salida y el resto de la instalación. La clave es distinguir entre prescindir del foso y prescindir de cualquier adaptación.
Qué es el foso y qué significa prescindir de él
El foso es el espacio que, en determinados equipos, queda por debajo del nivel de acceso inferior. Su profundidad y función dependen del diseño del elevador, por lo que no existe una medida que pueda aplicarse a cualquier instalación, en los elevadores particulares, normalmente hablamos de entre 50 mm a 350 mm., teniendo en cuenta profundidad neta.
Cuando un fabricante indica que un modelo puede instalarse sin foso o sin un rebaje convencional bajo el equipo, lo que está diciendo es que esa parte concreta de la instalación puede resolverse de otra manera. No significa que el elevador pueda colocarse directamente en cualquier suelo sin revisar nada más.
Esto es especialmente importante al comparar propuestas. Dos equipos pueden resolver de forma distinta la relación entre la base del elevador y el suelo desde el que se accede. Por eso, además de preguntar si hay foso, interesa saber cómo queda finalmente la entrada y qué trabajos forman parte de la instalación.
La ausencia de foso puede ser una ventaja cuando se quiere reducir la cantidad de obras o directamente no existe la posibilidad debido a las caracteristicas técnicas del suelo, como se puede observar en nuestro artículo ascensor en casa sin grandes obras. Aun así, son cuestiones distintas: una instalación puede no necesitar foso supliendolo de otra manera y seguir requiriendo otros trabajos.
Cómo puede resolverse la entrada al equipo
Si el suelo de apoyo del elevador y la superficie desde la que entra el usuario no quedan exactamente al mismo nivel, el acceso tiene que resolverse de forma adecuada.
Aquí no conviene quedarse solo con la frase “sin foso”. Lo importante es cómo entra y sale realmente la persona que va a utilizar el elevador. Una pequeña diferencia de nivel puede ser poco relevante para un usuario y resultar mucho más condicionante para otro, especialmente si utiliza una silla de ruedas.
Por ese motivo, una rampa no debe darse por válida de forma automática. Hay que comprobar su geometría, el espacio disponible delante de la entrada y la manera en que se realizará la aproximación. Tampoco debe asumirse que cualquier solución sirve para cualquier silla o para cualquier edificio.
El artículo sobre espacio para instalar un elevador vertical explica por qué el hueco disponible no se valora de forma aislada. En una instalación real cuentan también los accesos, las puertas y las zonas de llegada.
Qué trabajos deben revisarse aunque no haya foso
Prescindir del foso solo elimina o modifica una parte del proyecto. Sigue siendo necesario comprobar dónde apoyará el equipo, cómo se integrará con el entorno y qué elementos necesita el modelo seleccionado. Dependiendo de la instalación, pueden existir trabajos relacionados con la base, los accesos, el cerramiento, las puertas, la alimentación eléctrica o los acabados.
No todos esos trabajos aparecen en todos los casos y no deberían darse por supuestos antes de conocer el equipo y el lugar de instalación. Por eso es útil pedir que una propuesta diferencie qué incluye el suministro del elevador y qué actuaciones adicionales se han previsto.
En los elevadores verticales de corto recorrido, la posibilidad de reducir ciertas obras puede ser uno de los criterios de elección, pero no el único. También hay que valorar el recorrido, el uso, los accesos y la integración del equipo.
La pregunta correcta, por tanto, no es únicamente “¿lleva foso?”. Conviene preguntar también cómo quedará la entrada, qué preparación necesita la zona de apoyo y qué trabajos deberán estar terminados antes de poner el elevador en servicio.
Elevador sin foso; Preguntas frecuentes
¿Sin foso significa sin obras?
No. Significa que el equipo puede resolver la zona inferior sin el tipo de foso que requieren otras soluciones o incluyendo algunas medidas sustitutorias, siempre según las características del modelo.
¿Puede quedar un pequeño desnivel en la entrada?
Depende de cómo esté diseñado el equipo y de cómo se resuelva su integración con el suelo existente. Si existe una diferencia de nivel, debe valorarse pensando en el usuario y en la aproximación al elevador. No conviene aceptar un desnivel tipo escalón, el cual podria ser peligroso, solo porque parezca pequeño sin comprobar cómo se utilizará.
¿La rampa de acceso sirve para cualquier silla de ruedas?
No debería suponerse. La utilidad de una rampa depende de su configuración, del espacio disponible y de la silla que vaya a utilizarse, entre otros factores.